Por Javier Zapata
Una vez más, de las ultimas discrepancias de la edil de Tepic, en torno de la adquisición de una casa y de las contradicciones en declaraciones patrimoniales se tiene claro la normalizacion en engañar la narrativa en cada discurso y el daño sistematico causado a una sociedad.
No es un error.
No es confusión.
No es “percepción ciudadana”.
Cuando una funcionaria o funcionario sostiene discursos distintos a la realidad, y esos discursos se caen una y otra vez frente a documentos, cifras, fechas y hechos verificables, estamos frente a una forma de violencia institucional.

“En Tepic, esa violencia ya se volvió costumbre”.
Cada escándalo sigue el mismo guion: primero el discurso triunfalista,
después la contradicción evidente,
luego la victimización, y finalmente el silencio administrativo.
La mentira no aparece sola. Aparece para cubrir omisiones, justificar decisiones, sostener deudas, maquillar fracasos o ganar tiempo político. Y cuando se acredita, el daño ya está hecho.
“El costo político: un gobierno sin autoridad moral”.
Un gobierno que miente pierde algo más grave que una elección: pierde legitimidad. Puede seguir firmando documentos, inaugurando obras y dando discursos, pero ya no gobierna desde la confianza, sino desde la imposición y la simulación.
“El mensaje a la ciudadanía es claro:
“Lo que decimos no coincide con lo que viven, pero ustedes deben creerlo.”
Eso rompe la relación básica entre gobernante y gobernado. No hay política pública que sobreviva cuando la palabra oficial se vuelve sospechosa por default.
“El costo legal: la mentira también es responsabilidad”.
No toda mentira es retórica.
Cuando se falsea información pública, se alteran datos, se modifican versiones o se acomodan narrativas según la presión mediática, se cruzan líneas legales claras.
La ley no castiga opiniones, pero sí castiga la falsedad en el ejercicio del cargo, el uso indebido de atribuciones y la manipulación de información oficial. Cuando el engaño se vuelve recurrente, deja de ser “error” y se convierte en patrón. Y los patrones se investigan.
“El costo psicológico: una sociedad cansada de ser engañada”.
“Aquí está el daño más profundo”.
Cada mentira acreditada genera enojo, pero también resignación.
La gente deja de indignarse porque entiende que nada pasa.
Eso se llama indefensión aprendida: saber que el abuso existe y sentir que no vale la pena enfrentarlo.
El resultado es una sociedad que:
• desconfía de todo,
• se aleja de la participación,
• y normaliza el engaño como parte del gobierno.
“Cuando la autoridad miente, sin consecuencias, la mentira se institucionaliza”.
Tepic: el efecto acumulado.
“El problema no es un escándalo.
“Es la repetición”.
Cada nueva contradicción no borra la anterior, la confirma. Cada aclaración tardía no limpia, ensucia más. Cada discurso que no coincide con la realidad erosiona un poco más el tejido social.
Hoy en Tepic, el descrédito no es oposición política: es resultado directo de discursos que no resisten los hechos.
Ahora; Un gobierno que miente no solo administra mal: daña la democracia, debilita el Estado de Derecho y lastima psicológicamente a la sociedad.
Y cuando la mentira se normaliza desde el poder, la obligación ciudadana deja de ser la paciencia y se convierte en memoria, denuncia y exigencia.
“Porque el silencio no es neutral”.
“El silencio es cómplice”.zapata.nayarit@gmail.com
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